España, atrapada por las mentiras de la banca

España, atrapada por las mentiras de la banca

Notapor David Perez » Mar, 29 May 2012, 10:29

Juan Torres López. Madrid, 24 may (Público).- Desde los primeros momentos de
la crisis sorprendió que nuestras autoridades afirmaran que los bancos
españoles eran los más solventes del mundo, que estaban, decía Zapatero, en
Liga de Campeones. Era chocante que los nuestros tuviesen tan buena salud
cuando la inmensa mayoría de la banca mundial estaba literalmente quebrada.
Se decía que era debido al magnífico papel de supervisión desempeñado por el
Banco de España, pero eso tampoco casaba con las denuncias de pasividad que
habían hecho pocos años atrás sus inspectores ante el gobernador Caruana y
el Ministro Solbes. Y, desde luego, con el hecho evidente que cualquiera
conocía, por muy poco experto que fuese en temas financieros: la salvaje
financiación que nuestra banca había realizado a una de las mayores burbujas
inmobiliarias de la historia.

¿Cómo era posible que no les hubiera dejado créditos sin cobrar cuando todo
se vino abajo? ¿Cómo se explicaba que no tuviese problemas un sistema
bancario que en 2007 solo recibía 0,76 euros en depósitos por cada euro de
crédito que concedía (casi la mitad de lo que recibía en 2000, 1,43 euros)?
¿Cómo podía creerse que estaba, o que podría mantenerse en Liga de Campeones
un sistema bancario que en ese mismo periodo había multiplicado por nueve el
crédito a una actividad inmobiliaria que se estaba volatilizando, y que
había pasado de recibir 78.000 millones de euros de financiación
interbancaria europea a 428.000 millones, también entre 2000 y 2007? ¿Cómo
se podía creer que no tenía problemas o que no los tendría pronto un
conjunto de bancos que había financiado miles de préstamos hipotecarios a
más del 100% del valor de la vivienda (en época de subida artificial de
precios) o de préstamos a empresas también a más del 100% del valor de la
inversión?

Y, sobre todo, ¿cómo podía creerse que estaban en buena situación si a la
hora de la verdad habían dejado de dar créditos a las empresas y
consumidores, dejando así que se hundiera nuestra economía? La respuesta a
estas paradojas es esencial para comprender lo que ha ocurrido en España y
lo que nos va a suceder muy pronto.

Los banqueros tienen un poder extraordinario en Europa, en donde hacen y
deshacen normas a su antojo, pero los españoles tienen en nuestro país una
influencia política, mediática y social incluso mucho mayor que en otros
lugares. Perdonan desde hace años los créditos a los partidos políticos,
dominan la política editorial de los medios, influyen en las universidades y
mantienen contratados a docenas de investigadores que difunden las tesis que
les convienen. Así, no les debió resultar difícil convencer a los
principales líderes políticos y de opinión de que su situación era buena.
Sobre todo, cuando podían disimularla gracias a los cambios contables
aprobados por la Comisión Europea, precisamente a instancias de la patronal
bancaria. En particular, la “mentira piadosa”, como la califica el
catedrático de Contabilidad Oriol Amat, que les permitía seguir valorando
los activos dañados a su precio de adquisición y no al mucho menor del
mercado en el momento de la valoración.

Esos trucos contables, las inyecciones de liquidez que los grandes bancos
españoles recibieron en otros países y las demás ayudas que les dio el
Estado permitieron manipular y disimular su situación patrimonial hasta el
punto de aparecer como los más rentables del mundo. Lo dicho: Liga de
Campeones.

Pero la realidad era otra y mucha gente lo sabía. Los bancos, todos, y no
solo las cajas, estaban tocados del ala y en el fondo de sus balances había
un deterioro estructural gravísimo como consecuencia de la crisis del
ladrillo que ellos mismos habían provocado facilitando el endeudamiento
explosivo de toda la economía. Un deterioro que tenía dos caras: la
acumulación de activos (títulos de préstamos y créditos y propiedades
inmobiliarias) que no ya no tenían ni mucho menos el valor que se les
asignaba, y unas deudas con otros bancos extranjeros que sí seguían valiendo
lo que inicialmente se había registrado:
muchos cientos de miles de millones.

Si se hubiese puesto en claro esta circunstancia a medida que iban
apareciendo activos con pérdida de valor, los bancos españoles se tendrían
que haber ido declarando en quiebra porque las provisiones de las que tan
orgullosos estaban los reguladores del Banco de España eran totalmente
insuficientes. Y para evitar esa situación (que los banqueros sabían -o
debían saber- ya en 2007 que antes o después se iba a producir) lo que
trataron de hacer fue ganar tiempo para ir creando las condiciones que les
permitieran finalmente quedarse con todo el mercado. Gracias a su gran poder
político consiguieron que el PP y el PSOE asumieran una estrategia de
reforma que poco a poco iba a permitirles que recobrasen el dominio de la
situación y el equilibrio patrimonial. Se trataría de ir quitando de en
medio a las cajas de ahorros, a quienes era mucho más fácil hacerlas
culpables de todo lo que había ocurrido, en gran parte con razón, por la
lamentable gestión de los políticos responsables de sus órganos rectores
(aunque en realidad se debía a que habían dejado de ser auténticas cajas de
ahorros para convertirse en clones de los bancos privados).

Si casi la mitad de los operadores del mercado que competían con los grandes
bancos privados desaparecían o eran poco a poco absorbidos, los dos, tres o
cuatro mayores de estos últimos quedarían reforzados sin necesidad de
mostrar su insolvencia ni de pagar por sus irresponsabilidades. De este modo
y a base de recibir ayudas del Estado, como ahora, es como ha ido
evolucionando siempre el sector bancario español, cada vez más concentrado.

Pero la intranquilidad y los problemas han empezado a agravarse por lo que
era previsible que sucediera: el proceso de fagocitación del mercado como
estrategia para salvar a la gran banca privada sin que se le vean sus
vergüenzas es muy lento, inseguro y a veces, como ha ocurrido con Bankia,
incluso escandaloso.

Además, hay que tener en cuenta que el partido no solo se juega en campo
nacional. ¿Se iban a conformar los acreedores europeos de la banca española
con esta estrategia? ¿Estarían dispuestos a esperar?
¿Se van a arriesgar sabiendo que la política de austeridad va a deprimir por
largo tiempo a nuestra economía y que eso va a acelerar el deterioro
patrimonial de los bancos españoles y a dificultar el pago de su propia
deuda?

Hasta ahora, los banqueros españoles han conseguido que todos nos creamos su
gran mentira. O, al menos, que actuemos como si nos la creyésemos (porque
basta hablar con responsables políticos y directivos económicos de cualquier
ideología o tendencia política para oír a muchos de ellos decir que el
rescate es inevitable por el gran agujero de los bancos). El gobierno de
Zapatero se limitó a seguir el protocolo marcado por la gran banca incluso
en los detalles más pequeños, desde el indulto final al decreto de
vergonzosos nuevos privilegios aprobado también estando su gobierno ya en
funciones. Pero el de Rajoy ha querido mover ficha jugando a mostrar la
verdadera situación de la banca y está precipitando las cosas, porque su
estrategia de reformas en unidosis y muy improvisadas solo ha servido para
mostrar que la del sector financiero es mucho peor que la que se venía
diciendo, y para hacerla quizá ya indisimulable.

Ahora solo queda saber lo que ocurrirá tras la auditoría solicitada y que,
como todas, proporcionará resultados “por encargo”. Solicitar una evaluación
objetiva a Oliver Wyman (que se “equivocó” cuando auditó a los bancos
irlandeses considerándolos ejemplares poco antes de que tuvieran que ser
nacionalizados, o que fue una de las garantes de los derivados de las
hipotecas sub prime como productos muy seguros) es como es como pedir
auxilio en el naufragio a quien no sabe nadar.

Así que para qué nos vamos a engañar: aunque la gente normal y corriente no
sepamos el final, las autoridades ya lo han negociado porque en cuestión de
banca nadie da puntada sin hilo. Pueden ocurrir dos cosas. O bien que hayan
acordado ya que se siga mareando la perdiz porque las autoridades europeas
(que posiblemente sepan la magnitud real del agujero) admiten que el rescate
sería impagable para España y que quizá levantaría una auténtica polvareda
social. O bien que se concluya que hasta aquí hemos llegado y que hay que
tirar por fin de la manta que cubre las miserias de los bancos españoles.

Me parece a mí que esto último va a ser lo más probable porque, al fin y al
cabo, los bancos españoles y extranjeros serían los beneficiados.
Los auditores, como tantas veces, serán los que se encarguen de hacer la
representación necesaria para que todo se nos presente de la forma más fácil
de asumir.

Y aquí es donde estamos. Botín y compañía han dejado atrapada a España a
base de irresponsabilidades y de mentiras. Van a terminar obligando a que
España, como le ocurriera a Irlanda, tenga que asumir su rescate; haciendo
que éste -que en realidad es la recapitalización de lo que los banqueros
irresponsables han perdido jugando en el casino- se presente como la
salvación de España; y obligando a que los españoles tengamos que sufrir
nuevos recortes en derechos sociales y bienestar para que los ellos nos
sigan gobernando y obteniendo beneficios a nuestra costa.

Espero y deseo, sin embargo, que las cosas no terminen ahí y que los
banqueros no puedan respirar tranquilos en ese momento, como si se hubieran
acabado entonces sus problemas. Lo espero y deseo en la confianza de un buen
número de españoles, ojalá su gran mayoría, sean dignos y patriotas y que no
perdonen a quienes han arrastrado a España a la ruina a base de mentiras
para salvar sus privilegios políticos y económicos.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/ ... s-mentiras
-de-la-banca/
David Perez
 
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